jueves, noviembre 02, 2006

KYOTO BY DEGREES

En el escritor austriaco Sacher-Masoch es conocido por su novela "Venus in furs", en ella relata como un fetichista es maltratado y humillado por su amante sólo vestida con pieles. De ahí el nombre de "masoquismo" para esta parafilia.

Siempre que oigo hablar a según qué ecologistas me viene a la mente el pobre Sacher-Masoch.
El fetiche de nuestros días es el Protocolo de Kyoto, y los que quieren aplicarlo a rajatabla son unos auténticos masoquistas puesto que el único resultado práctico que traerá de aplicarse será el cierre de empresas, la desaceleración económica, pérdidas multimillonarias, paro... y todo ¿para qué?

Primero debemos saber lo que es el Protocolo de Kyoto (¿Cuántos de los que lo invocaron en dias pasados se lo han leído?)

Brevemente, el Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático, es un acuerdo auspiciado por la ONU dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y firmado en 2002 por la Unión Europea, que tiene como objetivo que los países industrializados reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero un 5.2% por debajo del volumen de 1990, ya que los que están en vías de desarrollo no tienen ninguna restricción, como es el caso de China, India, Brasil, por citar los más contaminantes.

Su nombre formal en inglés es Kyoto Protocol To the United Nations Framework Convention on Climate Change.

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Con la ratificación de Rusia en marzo de 2005, después de conseguir que la UE pague su reconversión industrial, así como la modernización de sus instalaciones, en especial las petroleras, el Protocolo ha entrado en vigor.

El objetivo principal de este tratado internacional, es luchar contra los efectos del "cambio climático". Según las cifras de la ONU, se prevé que la temperatura media de la superficie del planeta aumente entre 1,4 y 5,8ºC de aquí a 2100, a pesar de que los inviernos serán más fríos y violentos. Esto se conoce como Calentamiento Global.

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¡Que caló, toi ashisharrao!


Mi opinión sobre dicho tratado es que es un verdadero petardo.

Según diversos artículos publicados entre otros en la revista (Nature Octubre de 1998) la consecución completa (incluyendo EEUU) de los objetivos de Kyoto reduciría el "calentamiento global" en sólo 0.05 ºC para el año 2050. Incluso si la reducción de gases por parte de los países afectados fuera del 20% en lugar de 5,2% la disminución del "calentamiento global" sería del 0.15 ºC.

Es más de no aplicarse Kyoto y seguir con la proyección de emisión de gases actual, según el artículo el calentamiento para el año 2050 sólo sería dos décimas superior al que se tendría con una reduccción del 30%.

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Objetivos todo ellos bastante modestos.

Según Thomas Wigley, "The Kyoto Protocol: CO2, CH4, and Climate Implications", (Geophysical Research Letter, Vol. 25, 1998) si EE UU cumpliera los requerimientos de Kyoto para el año 2010, la temperatura de la Tierra bajaría entre 0.07ºC y 0.19ºC.

Esta cifra es tan pequeña que ni los termómetros terrestres pueden medirla de manera fiable.

¿Y los costes para lograr esos resultados, para reducir un hipotéticamente negativo, dudoso calentamiento global, en menos de dos décimas de grado?

En un estudio reconocidamente moderado en sus conclusiones, Price Waterhouse & Coopers estima que el cumplimiento del protocolo costará como mínimo a los españoles la friolera de 19.000 millones de euros entre 2008 y 2012. Además, sus autores se muestran convencidos de que provocará un incremento adicional de la inflación del 2,7% en el año de su puesta en marcha, una reducción inmediata del PIB de casi un 1%, una previsible deslocalización de parte de la industria española hacia países donde el protocolo no se haya firmado o en los que tengan excedentes de derechos de emisión, y un fuerte encarecimiento de la energía.

A estas consecuencias inmediatas sólo pueden seguirle el aumento del desempleo, la desaparición de industrias relativamente pequeñas y estancamiento económico general.

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Además, como explica Gabriel Calzada, a nivel internacional se producirá una distorsión de la competencia y una disminución de la productividad global que sufrirían especialmente los países más pobres. Por un lado, las empresas terminarán estableciéndose en lugares donde, a pesar de haber peores condiciones de negocio, la ausencia de limitaciones irracionales sobre la emisión de GEI (Gases de efecto Invernadero) las hace más atractivas. Por el otro lado, los países con exceso de derechos podrán subvencionar aquellas industrias que los gobernantes consideren necesario. El resultado no es otro que una gigantesca patada a la estructura de la división del trabajo internacional que dejará de tener relación con la productividad relativa de los factores de producción según las distintas regiones.

Y es que las consecuencias del tratado no podían ser otras si tenemos en cuenta que el protocolo de Kyoto no es más que un nuevo intento de planificación central de la economía a través de nuevos medios.

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En lugar de Kyoto, los países firmantes deberían adoptar una agenda que permita afrontar los desafíos actuales y futuros que el clima presenta a la humanidad, en donde combatir a la pobreza sea la prioridad número uno.

La pobreza exacerba la vulnerabilidad de los humanos a las inclemencias del clima.

Por ejemplo, cuando el huracán Mitch (en ese momento de apenas categoría 1 de intensidad) golpeó a Centroamérica en 1998, mató a unas diez mil personas. En agosto del 2004, un huracán categoría 4 (Charley) azotó una zona residencial de Florida y el número de muertos no sobrepasó a veinte. La riqueza de un país desarrollado es la mejor arma para reducir el daño que producen los fenómenos climáticos y naturales (como nos recuerdan los terremotos de Japón).

Katrina fue la excepción y no la regla de este axioma.

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Combatir la pobreza es la mejor manera de encarar las inclemencias del tiempo, en lugar de intentar controlar el clima mediante protocolos internacionales caros e inefectivos. De ahí que toda estrategia de adaptación al cambio climático debe estar basada en promover las instituciones que fomentan la creación de riqueza: los derechos de propiedad, el libre comercio, el Estado de Derecho, y gobiernos limitados.

Ya hemos visto que la herramienta para reducir el famoso cambio climático es un churro monumental, pero ¿hay tal cambio climático?, ¿tan malo sería?, ¿lo causa el hombre?, ¿acabará con el mundo?

Quizás estemos exagerando un poco.