martes, diciembre 26, 2006

CARTA DE UN AMIGUETE

Rescato con permiso de un amiguete que trabaja para la Cruz Roja un mail que me envió hace unos meses tras una misión en Filipinas. Creo que es bastante interesante. Las negritas son mías.


Hola a tod@s,

Esta vez no casi no he enviado ningún e-mail. Después de casi un mes en Filipinas, el sábado vuelvo para casa. Esta vez la cosa fue diferente, vine para evaluar daños, coordinar la ayuda y preparar un plan de acción. Pero los 'expatriados' como se llama a los extranjeros que vamos a currar fuera, eramos solo 4-5 las dos primeras semanas y solo 2 despues. Fue por tanto una operación humanitaria 'pequeña'. No por las más de 70.000 familias que se quedaron sin casa por el paso del tifón (más otras tantas que se quedaron sin parte de casa), sino porque no salió en los medios de comunicación, y por tanto no han habido donaciones. Y claro, sin pasta .... pues poco se puede hacer.

Por un lado uno se queda un sabor agridulce ... por no poder dar ayuda a más familias, pero por el otro ... uno recibe tantas cosas!!!

Manila me ha impresionado muchísimo. Es una de las ciudades donde me ha afectado más la miseria (chabolas, gente durmiendo en la calle, niños durmiendo/muriendo en escaleras y gente pasando por encima ...), mucho más que Sao Paulo o Mexico DF, por ejemplo. Me impresionaba bastante cuando en la Cruz Roja Filipina se discutía sobre los estandares higiénicos de las zonas afectadas por el tifón, cuando alrededor de las oficinas centrales de Manila, hay un barrio de chavolas, justo en frente!!! Impresionante.

Los dos ultimos días estuve en una de las zonas más afectadas para ver las posibilidades de distribuir materiales de construcción a unas 2.000 familias (básicamente madera, clavos y hojas de palmera para montar la estructura y el tejado de una 'casa' de 4x3m. donde por media viven 2-4 familias. Como no hemos recibido casi dinero (de los donantes), hasta ahora no habíamos empezado las distribuciones, por lo que he podido comprobar una de las alternativas de las que las organizaciones humanitarias siempre se olvidan: NO HACER NADA. .... Y he podido comprobar cómo la gente al final de las apaña para 'echar pá lante'. Solamente un 25% de las casas destruidas no han empeza su reconstrucción. Hay que tener en cuenta que en un sitio donde reciben unos 10-15 tifones por año, y la gente tiene lo puesto, igual de rápido te quedas sin casa, que montas los 4 palos y las hojas de palmera para tu nueva casa.

Y eso me ha hecho reconsiderar de nuevo la dependencia que la ayuda extranjera genera en las comunidades. Como unos tipos de fuera (unos guiris) nos atrevemos a decir qué es lo que necesita la gente (muchas veces sin siquiera preguntar o informarse bien) que en la mitad de las veces se acaba vendiendo en los mercados locales (porque no es eso lo que necesitaba), otras veces nos cargamos los mercados locales ... y al final llega a ser contraproducente (porque en el próximo desastre la gente se acostumbra a ponerse en fila para que le den algo, en vez de buscarse la vida).

Uno de los mejores regalos que he recibido, a parte de la amabilidad de la gente y el invitarte a comer lo poco que tienen, a sido esta tarde. Se ha puesto a llover a cántaros (como cada vez que llueve) y por supuesto se inundan la mitad de las calles. Pues los niños de las chavolas de enfrente de la Cruz Roja, que muchos van desnudos la mitad de los días (y por supuesto no van al colegio) estaban jugando en la 'piscina' formada en la calle como hace tiempo que no he visto a ningún niño en España pasarselo tan bien. Qué alegría, que risas, que juegos .... en medio de la pobreza, de la miseria!!!

Como siempre, sigo pensando que por mucha universidad a la que hayamos ido, cada vez que salgo 'al terreno' aprendo más cosas, que los conocimientos técnicos que pueda aportar. Los paises 'en desarrollo' siguen dando más a occidente de lo que reciben.

Un abrazo desde Manila y cuidaros (y ver si los niños de vuestro barrio ronríen también o qué les pasa).


Interesante, aunque no nos hagamos pajas mentales, ninguno de nosotros cambiaría la vida de nuestros tristes hijos europeos por la de los tan risueños niños filipinos. Cosa que es posible que sí que hicieran los padres filipinos caso de tener esa posibilidad.

Pero con todo me ha encantado, especialmente porque marca una evolución del tono de sus mensajes. Se nota que se está curtiendo sobre el terreno y que ahí se ven las cosas de otra manera.

Ciertamente