sábado, diciembre 09, 2006

INTELECTUALES FRUSTRADOS

No paro de encontrarme gente, generalmente de letras, muy leída y culta, que de manera continuada critica la economía de libre mercado. Lo hacen con cierto aire de superioridad diciendo que un sistema de mercado demasiado libre no es lo mejor para la sociedad. Como si ellos, los intelectuales de salón, supieran mejor que nadie que es lo adecuado para la sociedad y para lograr la máxima felicidad de todos los que la formamos.

Dicha crítica a la economía de libre mercado y la veneración de la intervención, de la política y del estado en nuestras vidas la achaco directamente a su frustración, envidia y resentimiento.

Novelistas, actores, periodistas y un largo etcétera abominan de un sistema que no les reconoce los méritos que piensan se merecen, ni les confiere el poder, influencia y celebridad que consideran deberían tener. En sistemas con fuerte intervención estatal sobre nuestras vidas, la distribución de "honores" así como el establecimiento de prioridades son definidas por las élites políticas y no por la demanda de la gente común. En ellos todos estos frustrados podrían tener la preeminencia que ahora no tienen pero creen les pertenece por derecho como los más preparados y sabios de entre nosotros. Tan sabios como para saber mejor que nosotros mismos lo que nos conviene para ser felices.

Estos intelectuales, no quieren entender que el socialismo y estatismo han naufragado en todas partes, sin excepción, dejando a los pueblos en el atraso y miseria.

Pero eso le da igual a la cofradía del rencor y de los egos heridos. Muchos "intelectuales" sienten que el mercado es injusto con ellos y por tanto lleno de defectos porque éste tiende a premiar, no a los que tienen el más alto nivel intelectual, o más educación o cultura, sino a las personas que mejor satisfacen las necesidades y los deseos y gustos de la gente sin importar su nivel de educación o lo garrulas que puedan ser.

Un "paleto" como Chiquito de la Calsá ha gando una pasta gansa con sus payasadas, es conocido y apreciado, ha chupado cámara cosa mala y ha llegado a introducir palabras y expresiones en el lenguaje popular. A nuestro intelectual, con todos sus anyos de universidad, con todos sus libros leídos, con su excelente prosa, y sobretodo con ese enorme ego y pretensiones, no lo conoce ni la puta madre que lo parió, nadie le hace ni caso y tiene problemas para llegar a fin de mes.

Sin duda este sistema que recompensa a un payaso mientras que ingnora sus, para él, incuestionables méritos está viciado de raíz y ha de ser combatido.
Que el público prefiera prestar atención al primero en lugar del segundo sólo demuestra que la gente no tiene criterio, es inculta, paleta y manipulable. De ahí el elitismo, snobismo y desprecio por la opinión del hombre de la calle (siempre inferior a él) que el intelectual derrocha a mansalva.

Por tanto para ellos no hay duda de que un sistema que premia con riqueza, fama y poder a empresarios sin estudios, artistas, futbolistas y folklóricas, pero deja de lado a los sofisticados pensadores, es decadente e injusto.

A los intelectuales, y en especial a los que desconocen la ciencia económica, les resultan muy atractivos el intervencionismo y la planificación central porque se ilusionan con llevar a la práctica sus ideas sociales y utopías. Además, les resulta muy injusta y hasta aborrecible la noción que en el mercado la simple decisión de la gente común, del inculto proletario, sobre comprar o no comprar determina el éxito o el fracaso económico de las personas que ofrecen un servicio o emprenden un negocio, sin importar sus méritos, su moral o excelencia académica.

El Gobierno para el pueblo pero sin el pueblo, ya que este no está lo suficientemente preparado para saber lo que le conviene. Lo cual sólo lo sabe esa minoría de iluminados que se consideran superiores en conocimientos a todos nosotros como para decirnos como debemos llevar nuestra vida para ser felices.

Lo que pasa es que el Despotismo Ilustrado hace siglos que no se estila.

QUE LES FOLLEN!

No puedo ver tal grado de arrogancia sin que se me encienda la sangre. En un país libre, en una sociedad libre, en una economía de libre mercado cada uno de nosotros recompensamos con nuestro dinero, afecto y aprecio a aquellos que consideramos que se lo merecen. Cada cual repartiendo esos parabienes según sus criterios personales en función de lo que para él es importante. Y no os quepa la menor duda que daremos nuestro dinero y reconocimiento a aquellos que nosotros pensemos que hacen más por nuestra felicidad, a aquellos que se dedican a lo que es más importante para nosotros y no a otros, a nadie más.

Pensar que no estamos capacitados para saber por tanto que es lo que es importante para nosotros, es el mayor insulto a nuestra condición de personas libres. No lo consintamos.

8 Comments:

Blogger sergi said...

que tal mislata ?

triste por lo de pinochet ? :O

3:41 p. m.  
Blogger Mislata said...

En absoluto, tan contento como siempre que casca un dicatdor.Y ya tengo el siguiente en la lista a puntito.

Por cierto tu no me ibas a ignorar y a retirar la palabra?

Sabes ya lo que es Falun Gong?

5:46 p. m.  
Blogger Ruben said...

Esa actitud no es más que otra estrategia para obtener poder, influencia o beneficios y no tanto una reclamación. Hay gente que se hace un hueco en la sociedad con la acción y otros con la protesta, pero todos tienen como meta satisfacer sus objetivos: sean económicos, políticos o de ego (versión políticamente incorrecta de la plabra altruismo).

Una de las bases del capitalismo es, al fin y al cabo, aprovechar de la mejor manera posible los recursos disponibles. Hay personas cuyo recurso principal es su capacidad de convencer o de protestar y, como tal, las utilizan.

Pensemos en los directores de cine ávidos de subvenciones, los artistas con necesidad de tener una imagen comprometida o la ONG cuyos miembros viven de donaciones o subvenciones a proyectos hechos a su conveniencia (yo colaboré con una cuyo director se había puesto un sueldo de 30.000 coronas al mes -unas 660.000 pesetas- por realizar un proyecto de concienciación europea).

Es una versión actualizada del "quién no llora, no mama" y, en el fondo, una búsqueda indirecta de beneficios sean poder, dinero o satisfacción personal.

Trabajar en eso está al alcance de todos, así que no creo que tengamos motivos para quejarnos. El día que queramos, siempre podremos intentar convertirnos en uno de ellos.

11:23 a. m.  
Blogger QRM said...

Muy bueno, Mislata.

El libre mercado es lo más democrático que ha inventado el hombre, y como la democracia, puede ser un instrumento de la libertad.

A los intelecfachas, mejor seguir sin hacerles puto caso, que es lo que más les jode. Como a sergi.

12:50 p. m.  
Blogger Demócrito said...

Permítame presentarme. Puede llamarme Demócrito, por presuntuoso que parezca. Llevo un tiempo leyendo su blog y cada vez que lo hago me pican las puntas de los dedos. Aunque soy escéptico respecto a la posibilidad de que la gente se entienda hablando, y menos aún escribiendo (los insultos que no se gritan resultan insípidos) de todas formas trataré de explicarme.

No dudo que algo atina en opinión respecto a los que llama "intelectuales". Tampoco era tan difícil, todos creemos que somos cojonudos y que los demás no se dan cuenta de algo tan obvio. Supongo que si uno se cree listo y la media aún le hace parecerlo más, el sentimiento de injusticia se acentúa. Pero ese error de percepción, muy humano por otra parte, no falsea necesariamente las opiniones de muchos de estos "intelectuales". Usted, Sr. Mislata, tiende a reducir todos los problemas de todos los ámbitos a una cuestión de mercado, explicable por el mercado y solucionable aplicando las sacrosantas normas del libre mercado. No puedo evitar recordar esa cita, creo que de Carlyle: "enséñele a un loro a decir oferta y demanda y tendrá un economista". Enséñele al Sr. Mislata a decir “libre mercado” y tendrá un profeta.

Compara usted los logros de Chiquito de la Calzada con los de cualquiera de esos anémicos "intelectuales" cuyo peor pecado es no llegar a fin de mes. Yo no dudo que lo de Chiquito tenga algún mérito, el mundo del espectáculo es jodido y hay que tener fondo para llegar a sacarse unos cuartos al final. Eso no significa necesariamente que su obra sea excelente, por bien que se venda. Según su hipótesis, Sr. Mislata, es más valiosa la obra "Dianética" de L. Ronald Hubbard (creador de la cienciología), éxito de ventas donde los haya, que las "Ficciones" de Jorge Luis Borges. Esta reducción al absurdo debería ser suficientemente explicativa. Siempre utiliza usted el criterio económico, y hay otros que, depende del caso, pueden ser más pertinentes. Que una persona sepa hacer más dinero que otra no significa que sepa gobernar mejor, por ejemplo, y que por eso tenga que tener más poder político. O que un futbolista merezca mayor premio (económico y de reconocimiento) que un científico porque a un montón de gente le parece que es más importante el fútbol que la ciencia. Que las cosas son así, no lo dudo. Que es perverso que así sean, tampoco.

P.D: Conste que yo no soy un intelestuá de esos, que ya le veo venir. No llego ni a obrero cualificado.

11:23 p. m.  
Blogger Ruben said...

Uy, ya salió Borges...

Desgraciada o afortunadamente, el valor de lo que hacemos, decimos y pensamos se puede cuantificar de muy pocas maneras. Una de las grandes virtudes del salario es que -en la teoría (dejemos al lado enchufes y demás)- cuanto más alto es, es porque más se valora tu trabajo. Quien tiene un salario de 1.000 euros toda la vida es porque o sólo vale 1.000 euros o hay otras cosas en ese trabajo fuera del salario que le compensan (geográficas, de incentivo personal, de reto, de satisfacción o de expectativas). Quien vale más que eso, acaba recibiendo más (que nos lo digan al propietario del blog y a mí, que hemos tenido que emigrar, pero hemos incrementado notablemente nuestro sueldo y condiciones de trabajo). Generalmente, esto se traduce en dinero.

Otra manera de cuantificarlo es a través del proceso democrático. Viciado como está por la partitocracia y todo lo que conlleva, pero funcionando con normalidad. Esto se traduce en poder.

Hay una tercera, más difusa y difícil de cuantificar, que viene dada por el protagonismo social. La aparición en medios de comunicación, publicación de libros, apariciones públicas, conferencias... Esto se traduce en notoriedad.

¿Cuál es el problema? Que quien tiene notoriedad no sólo quiere notoriedad, sino también poder y dinero.

Desgraciadamente, el poder está en manos del sistema político y el dinero en el del capitalismo, luego al grupo de notorios sólo le queda la posibilidad de utilizar esa influencia para la protesta que les facilite conseguir dinero o poder por otros medios.

Un problema con estos mal llamados intelectuales es que se reunen en grupos donde sólo quieren recibir aplausos. Huyen de sus críticos por despreciar sus ideas y las refuerzan en ambientes donde saben que sólo van a recibir elogios y donde van a elogiar a personas con puntos de vista parecidos. Es un auto refuerzo de su autoestima. El que las discute es un ignorante, un alma perdida y equivocada o un borrego de la masa.

El verdadero intelectual publica sus ensayos y sus ideas para dar pie a la discusión pública de la que, raras veces, acaba participando. Da ideas sobre la sociedad, sin imponerlas como hegemónicas. El verdadero intelectual es el origen sobre el que se apoyan los pensamientos y las discusiones y no el protagonista de ellas. Las ideas son el centro, no el personaje.

En estos intelectuales falta humildad (¿quizá influida también por el exceso de dinero que muchos de ellos han visto o disfrutado en su entorno?).

Tengo un amigo anarquista. Es, sin duda, la persona más inteligente que he conocido. Sin embargo, tenía un defecto: se sabía tan inteligente que pensaba que él tenía la razón en todos sus pensamientos políticos y sociales y que los no pensaban como él eran porque eran la masa influenciable y unos borregos de políticos, medios de comunicación y demás. Sus postulados sociales eran perfectos, sin ningún lugar a la discusión.

Causa extrañeza pensar que, si por algunos de ellos fuera, volveríamos a un sufragio censitario donde sólo pudieran decidir algunas personas formadas y la masa quedara al margen.

Recuerdo el caso de Portugal, poco después de la Revolución de los Claveles, en las primeras elecciones democráticas, cuando el MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas) quiso aplazar las elecciones y acabó pidiendo la abstención bajo la excusa de que no habían tenido tiempo de formar a los votantes. Evidentemente, las opciones más centradas se impusieron en aquellas elecciones con una enorme diferencia sobre el PCP.

Una última cosa: pensadores cabales e intelectuales de talla son aquellos que son capaces de adaptar sus pensamientos a la sociedad en la que viven y, como si de una palanca se tratase, empezar lentamente el movimiento hacia la evolución con un primer esfuerzo desde el lugar donde está el mundo. El que, directamente, sitúa sus ideas lejos de la sociedad, espera que ella venga a él y luego se queja porque no se ha movido es, simplemente, un presuntuoso.

Y no nos preocupemos. Si queremos cuantificar todo por el dinero, digamos que el científico que pueda descubrir la cura del cáncer tendrá a largo plazo una vida muy confortable y una cuenta económica llena de ceros. Igual que lo han tenido aquellos gurús de las telecomunicaciones que han visto antes que nadie cómo revolucionar el mundo.

A día de hoy, a estos no se les trata como pensadores, sino como millonarios.

11:04 a. m.  
Blogger Mislata said...

Por si necesitabamos un ejemplo de lo que hablabamos aqui llego Democrito.

1:01 p. m.  
Blogger Mislata said...

Este post tiene suerte de lectores como Ruben.

En breve hablaremos de la gran cagada de la regulacion de la sanidad Privada en Irlanda.

Mas mercado, ya se sabe.

1:09 p. m.  

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