miércoles, marzo 21, 2007

SOMOS GILIPOLLAS



Esta impactante foto fue tomada por Kevin Carter en Sudán en 1994. Esa misma foto le hizo ganar el premio Pulitzer ese año. Tres meses después se suicidaba. Las razones fueron varias, pero una de ellas fue la machacona y acusadora pregunta de "Y qué hiciste para ayudarla?"

Y es que asi somos la gente de GILIPOLLAS.

Recuerdo una entrevista que se hizo a Kevin Carter en la que se le preguntó una vez más qué hizo para ayudar a la niña, a lo que él respondió que la llevó al puesto sanitario del campo de refugiados en las cercanías de donde se tomó la foto. A dicho campo era a donde se dirigía la niña. Pero también dijo que no nos hicieramos ilusiones que había miles de refugiados en un estado similar o peor al de la niña y los medios disponibles para atenderles eran casi inexistentes.

En su día, cuando el New York Times publicó la foto, se inundó la redacción con llamadas preguntando por la suerte de la niña.

Así somos la gente de GILIPOLLAS.

Gilipollas en primer lugar porque intentamos lavar nuestras conciencias cargando contra el fotógrafo. Como si bastara con acusarle de que no la ayudó para quitarnos el sentimiento de culpa que la foto nos provoca. Así descargamos la responsabilidad en el fotógrafo porque si la hubiera ayudado todo estaría bien, y no tendríamos la jodía sensación que se tiene al saber que seres humanos como uno mismo son pasto de los buitres.

Pues bien, la foto de Kevin Carter hizo mucho más de lo que podría haber supuesto alimentar a dicha niña en ese instante. Puso encima de la mesa el problema de la hambruna en Sudán que dura décadas, hambruna a la cual hay que añadir el genocidio (Darfur). Esa foto hizo mucho más por todos los niños hambrientos de Sudán al movilizar conciencias y recursos que todos los moralistas papanatas que se dedicaron a ponerle en la picota porque según ellos "no ayudó a la niña".

Y es que los seres humanos tenemos una memoria muy corta. Nos volvimos a olvidar de Sudán hasta que George Clooney salió a la palestra denunciando el genocidio de Darfur.
Memoria corta y mente que sólo se fija en las anécdotas pero que se pierde la imagen general.
Concentrabamos toda nuestra energía en una niña concreta y olvidabamos los miles que morían como ella cada día.

Toda esa gente que llamó al NYT preguntando por esta niña, si les hubieran dicho: "Está bien" ya se hubieran tranqulizado y vuelto a sus quehaceres diarios. En cambio la gente debería haber llamado para preguntar : "qué coño pasa en Sudán?" y "qué podemos hacer al respecto?" y no parar hasta hacer algo útil de verdad.

En cambio nos dedicamos a poner en la picota a Kevin Carter porque no hizo nada para ayudar, cuando en realidad hizo más que nadie, nos puso el problema en frente de los morros para que no pudieramos ignorarlo. Fuimos nosotros los que pese a todo no hicimos nada por cambiar las cosas, nosotros somos los que fallamos.

SHAME ON US por partida doble.